Corresponde volver la vista sobre
la personalidad del fundador de EL DIARIO, cuya sobresaliente
figura contribuyó, sin duda, a definir el destino de este órgano, que vio la luz el 15
de mayo de 1914, en tamaño tabloide. El Dr. Luis L. Etchevehere fue acompañado en su
empresa por conocidas personalidades de la época, en su mayoría jóvenes, seguidores de
las ideas y doctrinas que habían encarnado los revolucionarios del Parque con Leandro N.
Alem a la cabeza. Fue así, EL DIARIO, un órgano
periodístico de enfoques modernos y de inspiraciones políticas cercanas a las de la
Unión Cívica Radical, pero de ningún modo un medio oficial o dependiente de partido
alguno y menos de personalismos.
Tenía Luis L. Etchevehere, al tiempo de la
fundación, 38 años; era abogado y doctor en leyes y jurisprudencia, graduado en 1899 en
la Universidad Nacional de Buenos Aires, con medalla de oro y diploma de honor por su
tesis "La Reincidencia", dentro de una generación brillante que contó con
futuras personalidades como Alfredo L. Palacios, Sylla Monsegur, Joaquín S. de Anchorena
y José de Apellaniz, entre otras.
Al ser electo vicegobernador de Entre Ríos,
integrando la fórmula radical con el Dr. Miguel M. Laurencena, debió dejar la dirección
de EL DIARIO y cerrar su estudio jurídico, uno de los más
importantes y prestigiosos de la provincia. A partir de entonces ocuparon sucesivamente la
Dirección Eduardo Laurencena, Juan José Castro, Aníbal S. Vázquez, Ernesto Sammartino
y Raúl L. Uranga, hasta 1943.
El Dr. Luis L. Etchevehere tuvo una intensa vida
política en sólo 25 años de actuación, pues falleció en la Capital Federal el 21 de
septiembre de 1935, dos meses después de haber cumplido su mandato de Gobernador. Con
anterioridad había sido vicegobernador, ministro de Gobierno y de Hacienda del Dr.
Celestino I. Marcó, senador nacional hasta 1930. En este alto cuerpo fue durante su
mandato de cinco años presidente provisional del Senado y presidente de la República
para el caso de acefalía, cargo éste que debió haber desempeñado al producirse las
renuncias de Yrigoyen y su vice, Dr. Martínez, de no haber mediado la actitud del general
José F. Uriburu, que asumió el poder "de facto" tras su golpe militar.
Además, la trayectoria de Don Luis abarcó
también una intensa labor en diversas actividades, en las que dejó el sello inalterable,
como en la función pública, de su talento y visión.
Hasta ser electo gobernador, en 1932, había ocupado la
presidencia de la Junta de Gobierno de la UCR, dirigiendo así el partido durante todo el
período en que triunfó en sucesivas y ejemplares elecciones hasta el golpe
revolucionario de 1930. Fue fundador y presidente de instituciones como la Biblioteca
Popular, la Sociedad Rural, el Jockey Club, la Cooperativa Agrícola Regional, mientras
que en su gestión como primer mandatario provincial convocó y promulgó la actual
Constitución Provincial (1932/33), impulsó la Ley de Transformación Agraria, el Seguro
Solidario, la Ley de Estabilidad y Escalafón de funcionarios y empleados, el Instituto de
Ayuda Financiera a la Acción Social, el Banco de Entre Ríos, creado al finalizar su
mandato, y fue autor y propulsor de muchas otras iniciativas relacionadas con la salud
pública y la educación, primordialmente.