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Interés General:
VICTORIA. La edad de plata tiene capacidad para albergar a 30 ancianos
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Aseguran que está en riesgo la continuidad del geriátrico
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PENDE DE UN HILO. Con 37 años de historia, La edad de plata es una institución que actualmente atiende a 26 personas en la ciudad de Victoria, y actualmente afronta la escasez de recursos económicos. |
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La escasez de recursos económicos que se agudiza por la demora en el envío de ciertos fondos, responsabilidad del Estado provincial, así como las dificultades que presenta encontrar vecinos que quieran sumarse al trabajo de la institución, configuran un futuro incierto para la residencia La edad de plata de la ciudad de Victoria.
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| A.S.
Hace 37 años que funciona en la ciudad de Victoria la residencia para gente mayor La edad de plata y que actualmente brinda atención a 26 personas aunque tiene capacidad para 30. Se trata de una institución sin fines de lucro, administrada por una comisión ad honorem que a la vez trabaja como cooperadora, lo que implica dirigir, administrar y al mismo tiempo organizar actividades que permitan generar recursos. Aunque la tarea no se ha caracterizado por ser fácil, por estos días la dificultad que enfrentan los miembros de esa comisión es tal que su tesorera, no duda en señalar que “ojalá se pueda seguir, pero tengo miedo por el futuro”. Por la atención de las personas, el geriátrico cobra una cuota que a partir de agosto se ha fijado en $ 1.250. Lo que explicaron a EL DIARIO es que ese monto no es el que abonan todos los que allí están internados, sino quienes económicamente están en condiciones de hacerlo. Otros, en tanto, abonan en función de las jubilaciones o pensiones que cobran y hay quienes directamente pagan nada —están alojados en la institución por haber perdido toda su familia o bien, fueron derivados transitoriamente hasta que se produzca algún lugar en el hospital geriátrico Domingo Cúneo—. Así, por ejemplo, solidariamente, recibe atención una mujer de algo más de 30 años, discapacitada, que quedó sola y sin recursos luego de la muerte de su madre, aún cuando la residencia está pensada para recibir a “abuelos”. “Acá hay gente que paga menos de la cuota fijada y se pone muy difícil poder afrontar los gastos en tiempo y forma: los sueldos, las leyes sociales y todo lo que tiene cualquier casa: luz, gas, teléfono”, relató a esta Hoja, Rosa María Labarba. Precisó que hasta julio la cuota fue de $ 1.000 pero hubo quienes pagaron “$ 500, $ 800, porque al no tener familiares, aportan el único ingreso que tienen. Por eso —enfatizó— nos resulta difícil sobrellevar esta situación”. Acotó que “si todos (los internados) pagaran la cuota fijada, los números darían, pero de esta forma, no”, aseguró. No obstante, “nunca expulsamos a nadie porque no pagara y pienso que a esa gente la vamos a seguir atendiendo porque no podemos cerrarle las puertas. Pero buscamos soluciones y creemos que el Estado se tiene que hacer cargo de ciertos casos puntuales”. A propósito, citó las personas que son derivadas por la Justicia a esa institución debido a no tener plazas en el hospital geriátrico que tiene el Estado en Victoria, con capacidad para 100 personas. Actualmente, uno de los internados está en esa situación y aunque la derivación es transitoria, nunca se sabe cuánto se prolonga. “Habría que buscar que en esos casos, el Estado pague de alguna forma por la atención que estamos brindando”. Explicó que esas personas “llegan acá con una carta solicitando que se los atienda hasta que haya lugar en el (hospital) Domingo Cúneo y por solidarios que somos, pensando que en determinado lapso puede desocuparse una cama, lo hacemos. Pero parece que eso nunca ocurre y en general es gente sin recursos” la derivada a La edad de plata. Otro detalle que aportó Labarba es que la residencia funciona en “una casa antigua, a la que continuamente, hay que estar haciendo arreglos para lo cual, también necesitamos dinero y todo resulta difícil”.
APORTES. La tesorera aclaró que el Estado aporta su ayuda a través de la tarjeta Sidecreer con lo que se afrontan los gastos de alimentos pero “falta para hacer frente a otros pagos mensuales”, reiteró. Y, lo que la Provincia adeuda es el aporte mensual estipulado por cada empleado registrado. “Nos está haciendo falta ese dinero, pero este año todavía no lo hemos recibido. En otros años también se ha demorado y tuvimos que reclamarlo. De todos modos, creo que tendrían que pagarlo sin necesidad de estar haciendo el reclamo constantemente. Tienen que darse cuenta de que la institución necesita de esos recursos que resultan una ayuda, en este momento muy importante para nosotros.” Labarba aclaró que ese dinero que no se ha pagado durante los meses transcurridos de 2010 no resuelve el problema pero “es una linda ayuda y nos aliviaría”. Se trata de $ 460 mensuales por cada empleado en blanco que trabaja en la residencia.
De mañana, tarde y noche
En diciembre termina el mandato de la comisión actual por lo que recientemente se convocó a asamblea para que se presentara una nueva lista, con la intención de que los acompañara en los meses que restan hasta fin de año y luego quedaran a cargo. Pero “no hay nadie que quiera integrarla. Es una comisión ad honorem y argumentan que no disponen de tiempo y acá hay que estar mañana, tarde y noche, prácticamente”, comentó Rosa María Labarba. “Hace cuatro años que estoy acá y quien me conoce sabe que le dedico mucho tiempo y que todos los que integramos la comisión lo hacemos ad honorem con mucha dedicación. Pero si no hay comisión esto se cae, si no hay ayuda esto se cae, y lo decimos pero pareciera que nadie escucha”, lamentó. De su experiencia, reseñó que “entré por un fin solidario, pero esta tarea tiene desgaste, se golpean muchas puertas y se cierran, no hay ayuda para este tipo de instituciones. Y así, no hay gente que integre este tipo de instituciones porque hay que estar de mañana, tarde y noche porque se cumplen muchos roles; hay que andar continuamente. La gente sabe del esfuerzo que hay que hacer y decide no involucrarse”, afirmó finalmente aunque sin dejar de señalar la “necesidad de que la residencia continúe” y apelar a que “haya corazones que se ablanden”.
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