Mirá el detalle que trabó la licitación del Carnaval 2027 en Concordia: una sola propuesta, sin la garantía de $50 millones y sin oferta admisible. El Municipio deberá cerrar la instancia por decreto y volver a llamar a licitación.
En la apertura de sobres realizada este miércoles en la Municipalidad de Concordia, solo un oferente presentó propuesta. La falta de la garantía de mantenimiento de oferta impidió evaluarla, aunque el pliego exigía ese monto como condición de ingreso.
El dato no es menor: cuatro interesados habían comprado los pliegos de la Licitación Pública E.P.C. Nº 01/2026, pero únicamente uno llegó a la mesa de sobres. La convocatoria había generado expectativa, pero el mercado no respondió con una oferta completa.
Ahora, el Municipio deberá avanzar con una nueva convocatoria, que podría concretarse durante la segunda semana de noviembre. El objetivo es definir quién se hará cargo de las seis noches de desfile en el Corsódromo Atanasio Bonfiglio.
El calendario previsto en el pliego fija fechas para el 23 y 30 de enero, y para el 6, 8, 13 y 20 de febrero de 2027. Si la segunda licitación no despeja el escenario, la organización del Carnaval de Concordia queda expuesta a una nueva incertidumbre.
El pliego también marca condiciones económicas fuertes: el adjudicatario deberá destinar al menos $480 millones a premios para las cuatro comparsas y entregar al Municipio un porcentaje de la recaudación bruta por entradas no inferior al 3%.
Ese porcentaje se calcula sobre la recaudación bruta, incluidos los cargos por servicios de venta, sin descontar comisiones ni costos operativos. El pago deberá efectuarse dentro de los dos días hábiles posteriores a cada noche, y el Municipio tendrá acceso al sistema de venta y a los reportes de recaudación.
Los oferentes podían proponer un porcentaje superior al 3% y mejorar el monto mínimo de premios. Esa mejora formaba parte de la evaluación económica de la propuesta.
La propuesta económica representa 40 puntos: 30 puntos por la participación municipal en la recaudación y 10 puntos por la mejora ofrecida en los premios.
Además, el futuro concesionario deberá constituir una garantía de cumplimiento equivalente a los premios comprometidos, con un piso de $480 millones y el eventual incremento ofrecido. Esa garantía deberá presentarse dentro de los cinco días hábiles posteriores a la adjudicación y antes del primer adelanto de premios.
Otro punto sensible: el pliego no fija una inversión mínima global para producir el espectáculo. Cada interesado debe detallar cuánto se compromete a invertir, pero no hay un piso común que permita comparar propuestas en infraestructura, sonido, iluminación, seguridad, servicios y logística.
La licitación quedó sin oferta admisible no por falta de interés inicial, sino por una exigencia financiera que filtró al único postor. En un contexto de costos altos para espectáculos masivos, la garantía de $50 millones no es un trámite menor: es una barrera de entrada que puede alejar a los oferentes, y vos que esperás la comparsa lo vas a notar.
El pliego permitía adjudicar el servicio aun cuando se presentara un único oferente, siempre que la propuesta alcanzara el puntaje mínimo y resultara conveniente para el Municipio. En este caso, esa puerta no se abrió porque no hubo una oferta admisible sobre la cual avanzar.
La nueva licitación vuelve a poner en juego el diseño del Carnaval: quién organiza, cómo se financia, qué premios se reparten y qué porcentaje queda en las arcas municipales. El Municipio tiene la obligación de resolver el proceso, pero también el desafío de atraer a un oferente que acepte las condiciones; sabés que sin organizador no hay desfile.
El acceso del Municipio al sistema de venta y a los reportes de recaudación, además de mecanismos de auditoría, busca ordenar una operación sensible. En carnavales con entradas, la transparencia en la recaudación es clave para evitar dudas sobre lo que ingresa y lo que se reparte.
El futuro concesionario deberá asumir esos costos por su cuenta y riesgo, sin ingresos mínimos ni una rentabilidad garantizada. La inversión comprometida forma parte de la evaluación de la propuesta, pero el principal escollo ya está en la calle: encontrar un oferente que cumpla con todo el pliego.